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Críticas

The Nerves - One way Ticket

Efe Eme Revista

Esta es la historia de aquello que pudo haber sido y no fue. Nunca una banda con tan sólo un EP editado ha dado tanto que hablar. Y no es para menos. The Nerves estaban formados por Peter Case (bajo), Jack Lee (guitarra) y Paul Collins (batería), ese maestro del power pop que pasa largas temporada en España. El grupo se formó en 1975 con la intención de emular a las grandes bandas de pop de los sesenta, algo que en ese momento era “rompedor” (sólo hace falta buscar las listas de ventas de la época para ratificarlo). En el 76 grabaron su único disco: un Extended Play que incluía cuatro temazos mayúsculos: “Hanging on the telephone” (sí, la canción que popularizó Blondie pero que compuso Lee), “When you find out” (Case), “Working to hard” y “Give some time”. En el 78 se separaron. Peter Case fundó The Plimsouls, Paul Collins dio forma a The Beat mientras que Jack Lee, al que todos auguraban un gran futuro, grabó tan sólo un disco que pasó desapercibido.
Con el paso de los años, el EP original de The Nerves se ha convertido en una pieza cotizadísima del coleccionismo musical de la época. El disco ha sido reeditado por algún sello especializado en “bootlegs” en alguna ocasión. Por eso debemos congratularnos de que Alive Records reedite por primera vez (en CD y vinilo amarillo) las viejas grabaciones de Collins, Case y Lee.
One way ticket incluye los temas del EP, las canciones que tenían que formar parte de su segundo siete pulgadas, maquetas y grabaciones en directo. De los cuatro primeros, poca cosa queda por decir. Son el manual de instrucciones para cualquier grupo de power pop. Lo tienen todo, todo: estribillo, fuerza, melodía, gancho… “One way ticket” y “Paper dolls” eran los temas destinados al single y, el primero sobre todo, otras dos piezas maestras del género. “Walking out of love”, la grabaron Collins y Case, tras separarse de Lee bajo el nombre de The Breakaways. Quien haya seguido la carrera de Collins, recordará que el tema forma parte del cancionero de The Beat, el primer LP con su nueva banda y que, aún hoy, es uno de los temas claves de su repertorio. “It’s hot outside” es un tema que Lee grabó en solitario tras separarse, por diferencias musicales, de los dos tercios restantes de The Nerves, mientras que “Things of the past”, es uno de los temas seminales de Case con The Plimsouls que ya le acompañan en esta grabación. Todos estos son los temas incluidos en la primera cara del disco. En la segunda encontramos dos demos que apuntan maneras: “Many roads to follow” (Collins y Case) y “Stand back and take a good look” (Lee), que nos dejan la boca salivando pensando en qué se hubieran podido convertir. El resto del disco se completa con una grabación en directo de 1977 en la que The Nerves interpretan un ramillete de canciones de Lee. Es una lástima que no se haya podido mejorar el sonido de estos temas, aunque los aullidos y ruidos que desprende el disco nos dan una idea de lo intensos que debían ser los conciertos del trío norteamericano.

ÀLEX ORÓ

Tentaciones

El PAIS
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Menos mal que nos queda Paul Collins. Si, es un perezoso (nueve discos en 20 años), pero cada entrega de este estadounidense afincado en España es un triunfo de la melodía y el pop guitarrero. Esta vez el sonido es recio, fiero y rocoso. El album dura poco (apenas media hora), una clase (gratis) para los (muchos) grupos que andan más preocupados por calzarse unas zapatillas amarillas que por componer música. Gracias, maestro.

-Carlos Marcos

Ribbon of Gold confirma el feliz regreso de este gran músico

ABC Cultura, abril 2008
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abc

  Flying High Crítica

El padrino del power pop, muy querido en nuestro país,
recibe una calurosa acogida en Madrid al presentar "Flying High".

Madrid, Sala Sol, 18/01/2007
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La actuación del que fuera líder de The Nerves y The Beat se encuadraba dentro del programa de "La Movida" que la sala madrileña El Sol ha decidido fijar este mes de Enero. Para un servidor, poco tiene que ver la música y la persona de Paul Collins con ese movimiento "transgresor" de los 80, si omitimos el dato de que tocaba esos mismos años por los mismos sitios que frecuentaban Alaska, McNamara y compañía.

Dejando a un lado esto, el directo del norteamericano fue impecable de principio a fin, mostrando un gran estado de forma a pesar de los años. En cuanto al cancionero, destacar el amplio repaso a su larga trayectoria, rescatando temas clásicos de The Nerves como "Hanging on the telephone" y dando a conocer bellas canciones de ese reciente Flying High ("Will you be a woman", "Helen" o "Rock and Roll Shoes").

En este cuarto de siglo ha cantado a la chica rockera y los zapatos rockeros, pero es el power pop el estilo que maneja a la perfección. En este cuarto de siglo, Paul Collins ha cantado a la chica rockera y los zapatos rockeros, pero es el power pop el estilo que maneja a la perfección y en el que tiene pocos competidores. Con unos inicios anclados en la new wave, el norteamericano afincado en España ha sabido madurar con clase sin venirse abajo en ningún momento. Además, es necesario destacar la reciprocidad que consigue con el público, con el que bromeó a gusto y se atrevió a recordar los años dorados en los que disfrutaba de un porro y una litrona en las calles de Malasaña.

A lo largo la actuación sonaron temas de pop sencillo con melodías placenteras como las de "Paco y Juan" o "Flying High", hasta las rockeras "Working too hard", "On the highway" o "U.S.A", donde el guitarra solista daba rienda suelta a sus dedos. El cuarteto se mostró sólido sobre las tablas y demostró por qué están en la cima del género y han servido de inspiración para muchos otros grupos de los 90, tanto europeos como americanos.

por: Jesús Rojas

Mi Madre, mi Mentor y Yo Crítica

Go Mag, abril 2007
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Unos pocos recordarán a The Nerves y The Beat, epígonos del power-pop de cierto calado, pero rara vez en listas nostálgicas. Más tarde, una carrera en solitario con más desapariciones que el río Guadiana… ¿Qué éxito ha alcanzado Paul Collins para imaginar que nos interesa su autobiografía? Precisamente, es su cualidad de “eterno aspirante”, de “casi famoso”, la que aporta a este pequeño libro un carisma único y un distintivo válido. Paul Collins, al borde de la cincuentena, cambia la guitarra por el bolígrafo y se enfrenta a sus recuerdos. No siendo escritor, se divierte haciéndose pasar por uno, pero nos recuerda constantemente que no debemos tomarle demasiado en serio –se permite interrumpir la narración, inopinadamente, para prepararse un plato de macarrones con queso, y tan pancho.

Sin ortodoxia, sin pretensiones y con agallas, nos entrega el relato de una vida de “casis” y “quizases” permanentes. Persiguiendo su temprano sueño de convertirse en una “rock star”, le vemos “intentarlo”, retornar al punto de partida, lidiar con crisis creativas, hundirse en la desesperación, cometer errores monstruosos, desmontar el chiringuito y volver a empezar (hoy por hoy, viviendo en Madrid). El sueño americano siempre esquivo y él, roto, recompuesto, recosido.

La lectura de estas “memorias” ofrece la sensación de estar espiando en una confesión muy profunda, y puede adivinarse la fuerza terapéutica para el autor, que se esfuerza en rescatar episodios que, muchos de ellos, deben de producir dolor o vergüenza. La urgente y atropellada narración comienza en su infancia, con su familia en Camboya y luego Grecia, y recorre sus años de aprendizaje, prematura adultez, las primeras y desastrosas aventuras musicales, la caricia del éxito que se hace esperar ad infinitum...

Se atiene a dos recursos tan tramposos como efectivos: las vigilantes figuras de la madre y el mentor, que interrumpen el monólogo astutamente para marcar (o destrozar) el ritmo; y la insistencia, casi paródica, en ocultar nombres propios y datos, con el fin de evitar una supuesta demanda judicial. Al mismo tiempo que Collins batalla con la materia que conforma su vida, en busca de alguna certeza, te ríes, sufres y maldices la cualidad tóxica de estos recuerdos. Algunos se llevarán su verdadera historia a la tumba, pero Collins se ha sacudido la desgracia, el olvido y la pereza, y se lo agradecemos. Para leer, eso sí, en una sola noche, a ser posible enlazando uno con otro sus urgentes discos nuevaoleros.
por: Carolina León

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